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La realidad educativa está poniendo de relieve las dificultades que se están encontrando para que estos currículos se plasmen en aprendizajes de mayor calidad. Por el contrario, los alumnos no sólo no han mejorado la calidad de sus aprendizajes sobre las diferentes sociedades y formaciones sociales de los currículos, sino que ha empeorado la calidad de sus conocimientos cronológicos. Esta situación dramática, que de forma hiperbólica podríamos denominar como de "analfabetismo histórico", y que es similar a la que se observa en otras materias, ha puesto de manifiesto la necesidad de volver a repensar la materia. Evidentemente hay causas estructurales del propio sistema educativo que están detrás de esta situación, pero no es menos cierto que da la impresión de que es imperativa una reflexión sobre qué enseñar en Historia, y es aquí donde los cambios que se están introduciendo en el sistema educativo a partir de las orientaciones surgidas en la Cumbre de Lisboa (2000) deben de servir de contexto y, a la vez, de argumento.

Lo primero que destaca es, como ya hemos señalado, que, la formulación de los fines del sistema educativo en términos de competencias, que no coinciden con las tradicionales materias o asignaturas que componían los currículos, sino que delimitan los objetivos generales hacia los que éstas deben orientarse, y las redefinen. En nuestro caso, la pregunta ¿para qué estudiar Historia? adquiere ahora una respuesta nítida: para, entre otras cosas, permitir que los alumnos sean competentes en sus comportamientos cívicos. Esta formulación es importante porque resta valor a la entidad formativa de las diferentes materias (exagerando, se podría decir que antes se estudiaba Historia o Física y Química porque se consideraba que era necesario saber de estas materias para tener una formación completa o adecuada), pero a la vez les otorga una funcionalidad que encuentra su origen en raíces que están más allí de sus propias estructuras epistemológicas. Las materias lo son en cuanto son herramientas para conseguir los fines que la sociedad asigna al sistema formativo. Los elementos organizadores son estos fines, no las propias materias, pero, para alejar el falso debate sobre la "desmaterialización" de la formación, de deja clara constancia de que sin materias o asignaturas no hay ni puede haber formación. No parece este el momento para interesarnos por este debate, del que, por otra parte, hay una abundante bibliografía. Lo que nos parece relevante es remarcar el carácter instrumental de las materias y de la Historia , en particular, porque nos abre las puertas para avanzar en la respuesta de qué enseñar. De forma general, podemos señalar que la Historia debe permitir (de forma más precisa, colaborar para) que los alumnos sean competentes para hacer frente a los retos que el contexto social en el que viven les plantea .

La citada Recomendación, al plantear el desarrollo de las competencias interpersonales, interculturales y sociales, y competencia cívica, señala:

"Para poder participar plenamente en los ámbitos social e interpersonal, es fundamental comprender los códigos de conducta y los usos generalmente aceptados en las distintas sociedades y entornos (por ejemplo, en el trabajo) y conocer los conceptos básicos relativos al individuo, al grupo, a la organización del trabajo, la igualdad entre hombres y mujeres, la sociedad y la cultura . Asimismo, es esencial comprender las dimensiones multicultural y socioeconómica de las sociedades europeas y percibir cómo la identidad cultural nacional interactúa con la europea ".

Y más adelante: "la competencia cívica se basa en el conocimiento de los conceptos de democracia, ciudadanía y derechos civiles , así como de su formulación en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea y en declaraciones internacionales, y de su aplicación por parte de diversas instituciones a escala local, regional, nacional, europea e internacional . El conocimiento de los acontecimientos más destacados y de las principales tendencias y agentes de cambio en la historia nacional, europea y mundial y en la actualidad , desde la perspectiva específica de la diversidad europea, es fundamental, al igual que el conocimiento de los objetivos, los valores y las orientaciones de los movimientos sociales y políticos".

 

 

 

 

 

 

 




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PROBLEMAS Y PERSPECTIVAS DE LAS ASIGNATURAS DE HISTORIA EN ENSEÑANZA SECUNDARIA

Por Pablo Ezquerra







Historia y competencias