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Para conseguir estas finalidades, desde la Comisión Europea y desde las diferentes los diferentes órganos institucionales de la UE , se plantea la necesidad de orientar los sistemas educativos para que posibiliten que los ciudadanos sean competentes en: comunicación en la lengua materna, y en lenguas extranjeras, matemáticas y competencias básicas en ciencia y tecnología, competencia digital, aprender a aprender, competencias interpersonales, interculturales y sociales, y competencia cívica, espíritu de empresa,, y expresión cultural.

Las diferentes asignaturas o materias que componen los currículos escolares deben orientarse, señalan las Recomendaciones europeas, a conseguir estas competencias. De hecho, a través de los informes y evaluaciones elaboradas por la OCDE -Programme for International Student Assessment- popularmente denominadas Informes PISA, se realiza un seguimiento del grado de consecución de estas competencias por los escolares de los diferentes países miembros de la UE y la OCDE.

En este marco, independientemente del carácter integrador de todos los estudios, la Geografía ha encontrado acomodo entre los que se orientan a conseguir niveles de competencia en los ámbitos científico-técnico y en los relacionados con las llamadas competencias interpersonales, interculturales y sociales, y competencia cívica. La Historia ha visto circunscrito su campo de acción a esta segunda, más en concreto a lo referente a la llamada "competencia cívica".

Creemos que es importante hacer hincapié en la finalidad que se le asigna a nuestra materia y a la importancia que se le asigna a la misma. Es importante porque permite responder a dos preguntas: ¿para qué la Historia ? ¿qué y cómo enseñar Historia? Es obvio que las dos están relacionadas y que la segunda es la que más nos interesa profesionalmente a los profesores. Frente al ninguneamiento de la materia por sectores de la opinión pública y de la Administración , es muy importante resaltar que la Historia es una herramienta básica para el logro de los niveles de competencia cívica que requiere uno de los tres objetivos básicos del sistema educativo: la cohesión social . Esta afirmación de la posición de la materia clarifica la función de la misma y le permite abandonar la situación de indefensión en la que se encontraba desde que los sistemas educativos abandonaron sus antiguos objetivos patriótico-nacionalistas (aún hay comunidades autónomas y estados que mantienen objetivos en este sentido) y adoptaron otros tecnicistas, enfocados a una rápida cualificación profesional. Efectivamente, al menos en el caso español, la concepción de la enseñanza de la Historia como la de una materia en la que el alumno aprendía como se había desenvuelto a lo largo del tiempo la sociedad española hasta lograr alcanzar su estatus como país, su nivel de desarrollo económico, etc. a la par que adquiría los valores patrióticos que los conformarían como un buen ciudadanos, se abandonó a la par que el sistema educativo tuvo que asumir su papel como formador de una mano de obra que requería una urgente cualificación. Así, se extendió la percepción de la importancia-utilidad de los estudios relacionados con la ciencia y la técnica, mientras que los estudios de "humanidades" caían en el descrédito de lo que se considera inútil o, al menos, no importante. Ahora bien, la reafirmación de la función de la Historia en el sistema educativo requiere de una reflexión a fondo sobre qué es lo que se enseña en la misma y cómo hacerlo.

Tradicionalmente, cuando se planteaba la pregunta de qué enseñar en Historia, se respondía que el "tiempo histórico". Así, dentro del conjunto de los estudios sociales, a la Geografía le correspondería el ámbito de la territorialidad y a la Historia el de la temporalidad. Desde los primeros años ochenta, ha habido un notable esfuerzo por analizar, desde el punto de vista de sus repercusiones pedagógicas y didácticas, ese concepto de "tiempo histórico". Estas reflexiones han impelido cambios en la didáctica de la materia y sus plasmaciones en el aula y en los libros de texto. De unas concepciones obsoletas que hilvanaban el mero estudio cronológico de los "principales hitos" históricos (dejando la valoración de qué era importante al albur de las concepciones ideológicas propias del momento) con, en el mejor de los casos, el aprendizaje de unas descripciones más o menos completas de las sociedades en las que se produjeron, se pasó a otras que ponían el acento en los factores causales que intervenían en la evolución histórica. Los currículos de una y otra concepción tenían una cosa en común: se organizaban siguiendo criterios cronológicos. La novedad era que ahora aparecían conceptos nuevos como "cambio", "proceso histórico", etc. que querían poner de relieve la necesidad de aprender la "multicausalidad" que hay detrás del devenir histórico o, lo que es lo mismo, del "tiempo histórico".

 


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PROBLEMAS Y PERSPECTIVAS DE LAS ASIGNATURAS DE HISTORIA EN ENSEÑANZA SECUNDARIA

Por Pablo Ezquerra







La función social de la Historia