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Está comenzando a ser un tema recurrente en los medios didácticos el cuestionamiento de por qué los profesores están presentando fuertes resistencias a la introducción de las novedades que los nuevos planes de estudio plantean. El desarrollo de una nueva ley de educación y el subsiguiente rosario de nuevos currículos autonómicos está sirviendo de escenario paradigmático de esta situación.

En España se está dando una situación históricamente insólita: por primera vez, la ley va por delante de la práctica de los profesores, cuyo estamento está adoptando, de forma mayoritaria, posiciones bastante conservadoras. De aquella mayoría de profesores innovadores, comprometidos con la mejora de la "calidad de la enseñanza" sólo quedan ahora reducidas minorías, recuerdos y algunos puestos en la Administración.

No es fácil hacer un diagnóstico de la situación, y menos aún dilucidar qué se puede hacer para salir de esta situación que podemos calificar de agónica. No sólo no es deseable, sino que es de todos puntos de vista urgente abandonar la pespectiva de un estamento de profesores que ve en el pasado la solución a sus problemas y que ve en la innovación la causa de los mismos.

Muchas veces se ha planteado la perversión que supone una sociedad que vive ajena a su sistema educativo, que lo ignora o que lo rechaza. Lo que ahora estamos comenzando a vislumbrar es un sistema educativo, representando en la cotidianeidad por sus profesores y maestros, que da la espalda, que reniega, de la sociedad en la que se inscribe y para la que existe.

No nos proponemos hacer aquí un análisis de las causas que han conducido a esta situación, ni de qué se podría hacer para abandonarla. Sólo queremos plantear un conjunto de ideas y luego "que cada cual componga su cuadro".

Lo que si queremos hacer es establecer un punto de partida, algo en lo que todos, especialmente los que nos dedicamos a enseñar y a reflexionar sobre cómo lo hacemos, estemos de acuerdo. Planteamos que esta situación invlucionista se ancla en:


"La situación de "cansancio" tras la percepción del "fracaso" de las expectativas de la "Reforma"

Esta percepción se ha dado en dos perspectivas:

- La de aquellos que participaron en los "esfuerzos innovadores" y acabaron percibiendo el abismo que separaba sus esfuerzos y los resultados obtenidos.

- La de aquellos que no participaron y, a la vista de la percepción de fracaso que los que si participaron y de la propia Administración, reforzaron su idea de que la calidad de la enseñanza dependía de aferrarse a los valores y principios anteriores a la "Reforma" y la LOGSE".









Enumeramos a continuación un puzle de ideas, con el que esperamos echar algo de luz en esta problemática.