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LAS PAU. UN DIAGNÓSTICO Y PERSPECTIVAS DE CAMBIO Las Pruebas de Acceso a la Universidad vienen realizándose desde hace algo más de treinta años. A lo largo de este tiempo han ido cambiando sus temarios, sus formatos y la manera de realizarlas. Ahora, que se ha promulgado un nuevo Real Decreto de mínimos para el Bachillerato, parace el momento de plantearse nuevos cambios.

Pensamos que hay tres aspectos básicos que deberían tenerse en cuenta para llevar a cabo esta reforma.

En primer lugar, sobre todo en el ámbito de las Ciencias Sociales, parece importante constatar que temarios y formatos de pruebas han ido quedando obsoletos. En el campo de la Historia de España se ha asistido a un debate en los últimos dos o tres cursos que ha sido revelador. El nuevo armonizador propuso un cambio en el temario para que dejase de tratar exclusivamente sobre Historia Contemporánea de España. La respuesta del profesorado que imparte segundo de Bachillerato fue mayoritariamente contraria a este proyecto, argumentando de la más diversa manera, aunque un también nutrido grupo de profesores, de ideología más conservadora, era partidario de aplicar los criterios de la LOCE (aprobada durante el gobierno del Partido Popular). Como suele ser habitual, el resultado fue un compromiso: en el temario de las PAU se incluirían las etapas anteriores al siglo XIX, pero la etapa Contemporánea quedaría como ampliamente preponderante, las fases anteriores se reducirían a unos cuantos "temas concretos", pactados, para los que ya existe un formulario con las respuestas que se espera de los alumnos. Todos han quedado contentos con esta "reforma". Los profesores conservadores, porque consideran que se está "dando la LOCE", los profesores que no creían oportunos cambios, porque han sido mínimos, el armonizador, porque ya hay temas de "toda" la Historia de España. El problema, se nos ocurre pensar, es que el examen de Historia de las PAU, con las reformas realizadas, ha perdido calidad como prueba que determina las aptitudes de los examinandos para ser alumnos universitarios. Nos explicamos, al introducir ese nuevo apartado de la prueba, el cuestionario de conceptos o preguntas de Historia Antigua, Medieval y Moderna, lo que se ha hecho es acentuar el carácter memorístico de la misma, que ya antes era demasiado acusado.

Es un simple ejemplo, pero es sintomático de lo que están siendo las PAU. En Geografía, el apartado de "definiciones" otorga tres puntos a aquellos alumnos que saben "de memoria" lo que tienen que responder a seis cuestiones. Si le sumamos los cuatro puntos de la pregunta teórica (un cuestionario también pactado de veintiséis preguntas), observamos que a "saber hacer", al práctico, tan apenas se le otorga una tercera parte de la puntuación. En resumen, un examinando pusde dejar tranquilamente "en blanco" este apartado del examen y ser considerado apto para acceder a la Universidad. En Historia del Arte el panorama no es más alentador.

Junto a estas deficiencias, digamos que pedagógicas, hay otras cuestiones que están afectado seriamente a las pruebas. La primera es que convierten a nuestras materias en "desagradables" para alumnos y profesores. Esta situación es manifiestamente palpable en el caso de la Geografía. El tener que impartir una materia de forma exhaustiva, con un temario demasiado extenso para un sólo curso escolar, sin tan apenas poder realizar actividades prácticas (como hemos visto, tampoco el formato de la prueba las hace imprescindibles para aprobar), obliga al profesor a presionar a los alumnos para que trabajen-estudien más y convierte a la materia en una de las más exigentes del curso. Los profesores y alumnos (muy pocos, por cierto) de Historia del Arte sufren de los mismos síntomas. La Historia ha encontrado su válvula de escape en la optatividad. El alumno y el profesor se encuentran menos presionados porque aquellos estudiantes que no van demasiado bien en la materia, en las PAU pueden elegir examinarse de Filosofía. Es un "descanso", pero es una vergüenza.

Todo esto lo entenderíamos si las facultades universitarias de referencia tuviesen que seleccionar alumnos porque la demanda de plazas fuese demasiado grande. Pero el problema es el contrario: cada vez menos alumnos cursan estudios universitarios de Historia, Arte o Geografía. Las consecuencias de esta ausencia de "vocaciones" son que, consciente o inconscientemente, los niveles de exigencia en las PAU se están reduciendo. Se trata de evitar que el alumno tenga una imagen "mala" de estas materias, se pretende ganar"clientes" ofreciendo en las PAU y, como consecuencia, en la asignatura correspondiente de segundo de bachillerato, una imagen de materia sencilla, fácil, de aprobar. El problema, y no es menor, es que el formato y temarios de las pruebas siguen siendo los mismos. Por tanto, el profesor de bachillerato sigue exigiendo lo mismo y preparando al alumno para unas pruebas memorísticas, pero cuando este llega a las PAU comprueba que allí la evaluación que se ha hecho a lo que ha escrito es bastante laxa. Entonces, la imagen que tiene de esos estudios es que son "de empollar", que son "un cachondeo" y que, además, no ofrecen perspectivas de trabajo.



Las propuestas de Geopress para las PAU de Geografía
Las PAU. Nuevos horizontes
(un artículo en pdf)
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