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La situación parece preocupante para las autoridades europeas, no así para las españolas (independientemente del partido político al que pertenezcan) que, absortas en su nimbo burocrático, responden a estas situaciones con el desahogo de afirmaciones grandilocuentes, con la invención de nuevas asignaturas "educadoras" para la convivencia, con el incremento de las horas de estancia en el colegio, o con un quitarse las culpas buscando un "chivo expiatorio" en el sufrido profesor, que no sólo es vejado por un alumnado (y unos padres) que ve irrelevante su trabajo, sino por una administración que observa como sus quimeras ideológico-pedagógicas no encuentran realización en las aulas de un sistema educativo que no se parecen en nada al idílico jardín que es el escenario en el que se desarrolla el proceso de enseñanza-aprendizaje en las fantasías en las que se inspiran sus escolásticas reflexiones y sus alucinadas legislaciones. En la escuela "ya no se enseña", como antaño, ahora se repiten, hasta convertirlos en ridículos, eslóganes como "educar es integrar" o como "evaluación formativa" o "educación cooperativa", mientras tanto los alumnos y alumnas no aprenden y no se hacen competentes para hacer frente a los retos que la sociedad les planteará. Y lo peor es que esas frases, que no deberían pasar del rango de propaganda barata para atraer votos o simpatías políticas, se convierten en artículos de fe para todos los estamentos administrativos y, mientras en las aulas se vive una desgraciada realidad de incompetencia educativa, todas las políticas desvarían hacia el disparate. Los ejemplos son múltiples y no son patrimonio de ningún partido político.

Ya en 2005, la Comisión Europea , en su famosa Recomendación sobre las competencias básicas, planteaba como primer objetivo para este primer intento de homogeneización de los sistemas educativos europeos " determinar y definir las competencias clave necesarias para la plena realización personal, la cohesión social y la empleabilidad en una sociedad del conocimiento". Esto es, se hacían explícitos los tres grandes retos que debían afrontar los sistemas educativos, al menos en sus etapas básicas y obligatorias: el desarrollo personal, la cualificación profesional y la integración social . Nos parece relevante esta simplificación de objetivos porque permite determinar con claridad que finalidades debe tener actualmente en la Europa desarrollada un sistema educativo, sin perderse en la nebulosa de buenas intenciones que suponían las largas listas de objetivos que, hasta la fecha, ocupaban las introducciones de las diferentes leyes de educación y que dejaban al albur de la elucubración y la sospecha las finalidades básicas que se perseguían al plantear ese sistema educativo. Pero estos tres objetivos no son sino la respuesta a lo que se considera los tres grandes problemas de la sociedad europea.

De esta manera, la empleabilidad, que venía siendo objetivo básico de los sistemas educativos desde que los diferentes países abordaron su modernización económica y necesitaron una mano de obra capacitada para hacer frente a las demandas de unos sistemas productivos cada vez más tecnificados, y la realización personal, objetivo asociado al desarrollo de sociedades cada día más democráticas, tienen ahora un acompañante igual en el rango: la cohesión social , que se manifiesta en dos grandes vertientes:

1. Hacer frente a la segregación y la exclusión devenidas de posiciones de falta de competencia en el mundo laboral, que se originan por falta de formación (de ahí la relevancia de la "formación permanente") y por situaciones de desventaja asociadas a la edad o el género.
2.
Favorecer la participación y la adopción de conductas sociales "constructivas", que se vincula con la adopción de valores y con la competencia para interrelacionarse socialmente.


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PROBLEMAS Y PERSPECTIVAS DE LAS ASIGNATURAS DE HISTORIA EN ENSEÑANZA SECUNDARIA

Por Pablo Ezquerra







La función social de la Historia