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EL INFORME PISA. PARA VARIAR, EMPEORAMOS

Diciembre de 2007. La prensa publica los resultados del Informe PISA. Son aterradores: "España sufre el mayor retroceso en educacion de Europa", titula el diario "El País". El caso es que se ha detectado que no sólo no hemos mejorado en lecto-escritura, Matemáticas o ciencias, sino que hemos descendido. Mucho en lectura comprensiva y algo menos en los otros ámbitos. Por su puesto, de las Ciencias Sociales, ni palabra...

Es un escandalo. Es un escándalo que se esté gastando cada vez más en educación y que se empeore cada vez más, y es un escándalo que lo que los profesores venimos anunciando desde hace años, tengan que venir de la OCDE a decirlo para que la opinión pública y sus hacedores se lo crean.

Pero también es un escándalo la interpretación que se hace del asunto. La Administración socialista se aviene a intervenir y dice que esto "tiene que ver con el punto de partida" y que es un problema "de toda la sociedad". Dos comentarios antes de quedarnos "paralizados": primero, pero si, por lo visto, lo que sucede es que vamos a peor, que el punto de partida era mejor; segundo, sería conveniente que la administración, por una vez, asumiese su responsabilidad, ellos son los que están gobernando y administrando y la sociedad es la que está siendo gobernada y administrada. Ya llevamos unos cuantos años en los que la "burocracia progresista", como los antiguos ilustrados, se vanagloria de sus éxitos y culpa a la sufrida sociedad, que somos los que les pagamos, de sus fracasos.

La oposición, gloriosa. Culpa de estos datos a la LOE, que no había entrado en vigor cuando se realizaron las correspondientes pruebas, y se olvida que gobernaron cuatro años y la situación siguió empeorando. Sin más comentarios.

Pero es que los profesores lo venimos anunciando: cada día se enseña menos y peor. Sí, unos le echan la culpa a la LOGSE, otros buscan el origen en la falta de aplicación de la misma, otros... pero, si en algo hay unanimidad, es en detertar el desastre. Lo llevamos diciendo mucho tiempo, pero como somos los profesore, ni caso. En este sentido, son interesantes las interpretaciones que hacen algunos asesores y profesores de psicología:

"La manera de mejorar los resultados estaría ligada a los contenidos, a las metodologías de trabajo en el aula y a la formación de los profesores. Quizá esto último es lo más problemático en el sistema español" dice un profesor de Sociología de la Universidad de Salamanca citado por "El País".

"Lenta pero consistentemente, el horario y el calendario escolares se acortan, los directores no pueden dirigir y los centros y profesores no están sometidos a responsabilidad alguna por hacerlo bien o hacerlo mal" apunta otro sociólogo, citado en el mismo diario.

Pero nadie señala que, quizás, una de las causas sea que nadie, absolutamente nadie, ni los alumnos, ni sus padres, ni la administración, ni los profesores de la Universidad, hacen caso a los profesores. Que es muy difícil enseñar cuando quien tiene que hacerlo es ninguneado, vilipendiado y, en un dieciséis por ciento de los casos, agredido y vejado. Nadie puede "dirigir el proceso de enseñanza-aprendizaje" cuando su posición gestora de este proceso es cuestionada.

Mejorar la selección del profesorado, motivarlo, formarlo... pero no leemos en ningún sitio otras palabras, como respetarlo, remunerarlo, agradecerle su esfuerzo y dedicación, etc.

Es cierto que la piedra angular de todo el problema está en el profesorado, pero no, como se tiende a señalar en su dejación de funciones, que no la ha hecho, como atestigua que el sistema siga en pie a pesar de los cambios legislativos constantes y de la iniquidad de unos reglamentos aberrantes y antieducativos, que sólo sirven para ganar votos y aquiescencias de los votantes. No, los profesores no han hecho dejación de sus funciones, lo que sucede es que a los profesores no se les deja cumplirlas. Está claro que es necesario que la Administración cumpla su papel, y sepa y controle lo que sucede en las aulas, pero también lo es que eso no es suficiente. Hace falta que los profesores podamos enseñar.

No queremos concluir sin referirnos a un tema que suele aparecer, cuando se habla de la calidad de la enseñanza y del fracaso de los diferentes sistemas educativos. Nos referimos a la comprensividad. Es común entre un sector de los profesionales de la enseñanza achacar la culpa de estos problemas a la "comprensividad", que, según ellos, ha acabado con la cultura del esfuerzo. Pensamos que, a lo mejor, lo que sucede es que la "comprensividad" ha sido interpretada de una forma bastarda por unos, que gobiernan, y por otros, que han gobernado. Efectivamente, "comprensividad" no quiere decir "todo vale", ni "todo gratis", ni "haga usted lo que quiera", ni "no enseñe pero no segregue". No, comprensividad quiere decir que todos los jóvenes, en España, tienen derecho a cursar estudios obligatorios de forma gratuita. Insistimos: tienen derecho, pero los versados en leyes deberían matizar ese concepto de "derecho" ¿Los jovenes tienen derecho a cursar estudios obligatorios cuando infringen los derechos a lo mismo de los demás jóvenes? ¿Hablamos de derecho a cursar estudios o derecho a la gratuidad de los mismos? ¿No sería necesario diferenciar entre el derecho a estudiar de forma gratuita y el derecho a estudiar? Quizás fuese necesario introducir un aspecto nuevo: el Estado tiene la obligación de poner a disposición de los jóvenes una educación obligatoria de calidad, pero las familias tienen la obligación de favorecer esa formación, y los destinatarios, los jóvenes, la de no impedir el ejercicio de ese derecho por los demás jóvenes. El incumplimiento de esos deberes debería llevar consigo la pérdida del derecho a la gratuidad.

Porque, creemos, que el problema está en que se ha entendido de forma perversa el concepto de "comprensividad". "Comprensividad" quiere decir que la obligatoriedad de la E.S.O. lleva consigo el que en las aulas coincidan aptitudes y actitudes diferentes a las que hay que atender por igual, pero de ninguna manera puede interpretarse como la obligatoridedad de tolerar actitudes y comportamientos que atentan contra el derecho a aprender de los demás, que concluye cuando al profesor se le impide enseñar.